El perverso círculo de la pobreza en México obliga a miles de niños y niñas a experimentar hambre, ignorancia, violencia y desesperación: muchos de ellos son obligados a trabajar—aún peor—a venderse, por unos cuantos pesos. Esos efectos de la pobreza los coloca en una situación vulnerable, en la marginación y crece en ellos la desilusión de un posible cambio de vida; sumergidos en la de socialización en ellos se crean las condiciones propicias que pueden sumergirlos en conductas delictivas como el narcotráfico, la prostitución y la violencia que no solo los marca de por vida sino que a su vez son también causas de inseguridad para todos.
Para cada uno de estos niños éste es un camino que una vez iniciado es de difícil retorno.

Desde hace más de 60 años, el Ortigosa contempla compasivo el vertiginoso deterioro de la niñez, adolescencia y juventud mexicana y la pérdida de su realización plena y productiva y los rescata a estos niños provenientes de familias en condiciones vulnerables para darles herramientas para romper esa inercia negativa y potenciarlos como seres felices y agentes de transformación social.