El Ortigosa alberga en sus paredes más de 130 años de historia y altruismo, así como la bondad de muchos hombres y mujeres regiomontanos que le dieron origen. Ha sido el deseo de ofrecer a las niñas desamparadas la oportunidad de desarrollo y felicidad, lo que mantiene en pie al Ortigosa.

Fue el 26 de mayo de 1873 cuando Don León de Jesús Ortigosa legó sus bienes para una obra benéfica. Él era de Sinaloa, vivió y estudió fuera del país y volvió a México para establecerse como comerciante. En 1862, decidió radicar en Monterrey. Al terminar su obra benéfica volvió a España, donde murió el 6 de junio de 1882.

La Casa Asilo que se fundó, a través de sus albaceas, atendía a ancianos con los cuidados de las Madres del Verbo Encarnado. A finales de los años veinte del siglo pasado, México se convulsiona con uno de los movimientos armados más violentos, la “Guerra Cristera”.

En Monterrey, se registró el cierre de varios templos católicos, entre ellos la Capilla del Ortigosa; además, fueron expulsadas las religiosas que lo atendían, quienes volvieron a España. Durante casi 21 años, la institución quedó a cargo de un grupo de señoras.

En 1947, surgió la posibilidad de que las “Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”, congregación fundada por el padre San José María Yermo y Parres, pudieran trabajar en la Casa Asilo, atendiendo a niñas desamparadas: huérfanas, abandonadas o con problemas familiares severos… Y así fue. Las primeras niñas en llegar iniciaron el cambio sustancial de esta institución. Las religiosas se harían cargo de los ancianos que aún quedaban en el asilo, pero a partir de ese año solo aceptaron niñas.

Las religiosas ofrecieron un hogar para las pequeñas y complementaron su labor estableciendo un jardín de niñas y una escuela primaria hasta el quinto grado. Como no estaba incorporada a la Secretaría de Educación Pública, consiguieron becas en la Escuela Juana de Arco, dependiente del Colegio Labastida, para que las alumnas pudieran hacer el sexto año.

En 1958 empieza a funcionar la Secundaria y el Departamento de Enfermería, y en 1962 se empieza a construir el edificio Hogar Santa Sofía para las jóvenes de Preparatoria y Universidad. A partir de entonces el Ortigosa sostiene una escuela de educación básica y una casa hogar.

Con la búsqueda de “excelencia en la vida”, actualmente participan religiosas de la Congregación Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, además de un equipo de psicólogos, maestros, doctores y orientadores dedicados a las niñas.

Esta institución, refleja la pulcritud, el cuidado amoroso por el orden los dormitorios y en los salones; también en la cocina, los consultorios, los juegos infantiles y oficinas, todo con el fin de facilitar la educación, socialización y el interés por la unidad del grupo.

En los últimos 65 años el Ortigosa ha formado a más 6 mil personas, muchas de ellas con estudios profesionales y técnicos en actividades como: ingeniería, arquitectura, licenciatura, enfermería, comercio, trabajo social, publicidad, ciencias de la comunicación, administración de empresas turísticas; otras, han seguido el llamado espiritual para una formación religiosa.